
Foto de Cargol en Flickr bajo CC
Hace un mes, más o menos, Juanjo me lanzó la propuesta de convocar la decimotercera entrega del Claustro Ideal Oficial. Llevo haciéndome el remolón todo este tiempo porque sinceramente no sé si soy un profe “ideal” para este claustro. Finalmente, mi mejor cualidad como docente consiste en no tener el más mínimo miedo al ridículo, me voy a tirar al toro. Espero que el tema que os voy a proponer os resulte de interés.
Creo que me gusta enseñar. Enseñar o educar, no es este el debate que me preocupa en este momento. Me gusta la docencia. Desde que era un niño tengo la necesidad de contar lo que descubro. Me apasiona descubrir conexiones, encontrar explicaciones, resolver problemas, ecuaciones, adivinanzas, … Y después de ese proceso de descubrimiento viene un ansia por compartir que no puedo resistir.
Sin embargo, descubro que a veces me enervan aquellos alumnos que más me necesitan. Sí, cuando tengo que corregir un trabajo que no hay por donde cogerlo, me invade el desánimo y a continuación un mosqueo soterrado. Entre mis compañeros, en las salas de profesores, es fácil escuchar reproches contra aquellos alumnos que no hacen las tareas, que no estudian lo suficiente, que no redactan correctamente, que no leen bastante, …
¿Por qué este malestar? ¿Es que no estamos preparados para el choque contra el desconocimiento? Eso afirma Daniel Penac en su libro “Mal de escuela”. Más bien deberíamos estar contentos: cada uno de esos alumnos es una gran oportunidad para que tracemos un plan, para que demostremos nuestras habilidades como docentes, … Sin alumnos no tiene sentido nuestra labor, sin alumnos que no sepan redactar, que no lean, que no hayan desarrollado ciertas actitudes, … ¿para qué seríamos necesarios los cientos de miles de profesores y profesoras de nuestro país? ¿Es que nos molesta tener que arremangarnos? ¿Es que necesitamos pequeños resfriados que curar con un tratamiento sencillo y estándar? ¿O es que en el fondo no nos gusta enseñar?
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La pregunta tiene muchísima guasa, Antonio, y es necesario mirar muy dentro de la educación y de uno mismo para responderla con sinceridad. No es fácil. Entre el “a veces me enervan aquellos alumnos que más me necesitan” y el síndrome de Estocolmo educativo quizás haya un equilibrio muy sutil, y mucho que pensar. Por supuestísimo que volveré. Y gracias por la convocatoria
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Un tema excelente y con mucha miga. Nos gusta a todos que aprendan, dar clases, la relación con los alumnos. Educar es más complejo porque implica aceptar que otro no quiera seguir nuestros consejos, el desafío, el replanteamiento como personas y docentes constantes. Es algo incómodo porque exige cambios constantes y un trabajo extra mental que no te deja en todo el día (o que vuelve a ratos cuando lo aparcas pot higiene). Además existe el riesgo del fracaso, porque sus malos resultados y sus problemes son una crítica a nuestra labor. Por ello es más fácil saltar enseguida y señalarlos como culpables, no hacen lo bastante, no están. Como dices, los alumnos más complicados son los que más nos deberían gustar, pues son ellos los que suponen un reto, los que nos obligan a educar y no solamente a seguir el manual. Quizá allí esté la clave: ¿nos gustan los alumnos que no nos responden? Espero que el debate dé mucho de sí
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Pues… qué buena pregunta. A lo mejor es que como a todos, nos gusta enseñar con éxito. Y trabajamos con el fracaso, a partir del fracaso. Y claro el fracaso se ve como un impedimento, no como una oportunidad para aprender. Transformar los fracasos en retos, en educación, no se la obra quijotesca de un profesor, por muy enamorado que esté de su trabajo.
Como decía una amiga mía hace muchos años: “Yo lo más que puedo es enseñar. Educar, que los eduquen sus padres”. Y cada vez somos más educadores sociales y estamos más alejados de las especialidades que nos llevaron al aula. A mí me gusta mucho el enfoque humanista de la educación, me encanta mi profesión, no escogería otra, pero lo que no me gusta es ir a una batalla para la que no tengo preparación, armas ni estrategias… Y por supuesto me niego a que el aula sea un campo de batalla, una lucha de control y poder. Afortunadamente en educación de adultos no tengo que planteármelo así, casi nunca.
Gracias por el debate y …. nos leemos. -
¡Hala! Striptease emocional toca… Y así tiene que ser! Porque en educación, o hay emoción o no hay nada.
A mí me gusta educar. Mucho.
Pero yo voy a explorar otra cosa diferente a si gusta o no gusta. Quiero asumir que sí y mirar el por qué. Y es que eso no lo tengo tan claro y me temo que hay algunas zonas oscuras en ese por qué. Al menos en el mío.
Es un trabajo que se me da bien y me siento muy reconocido. ¿Eso significa que lo que realmente busco es el reconocimiento? Pues no es lo único, pero creo que un cierto componente de egocentrismo, de sentirme estrellita, sí hay.
Es un trabajo que se me da mejor que a otros y siento cómo el alumnado me ubica jerárquicamente bastante arriba en la comparación con otros docentes. ¿Eso significa que lo busco? Pues la verdad es que no lo evito, y vuelve a haber algo de egocentrismo.
Es un trabajo en el que sé cómo mover voluntades hacia destinos educativos. ¿Eso significa que me siento poderoso y con capacidad de manipulación? Pues algunas veces sí, y me da miedo.
Es un trabajo en el que recibo agradecimientos y emociones positivas de bastante gente. ¿Eso significa que lo convierto en un falso sustituto del cariño verdadero? Pues no del todo, no. Pero algo algunas veces creo que sí.
Es un trabajo que me otorga cierto liderazgo en los centros donde estoy y eso me lleva a centrarme bastante en él, porque siento que se espera mucho de mí. ¿Eso significa que descuido otras facetas de la personalidad y cultivo poco otros temas, menos relacionados con la educación? Pues me temo que más de lo que quisiera.
Es un trabajo en el que mis fracasos son relativamente fáciles de ocultar. ¿Significa eso que puedo manipular la imagen que transmito? Sin duda. Y me preocupa mucho. No tanto engañar a otros, como engañarme a mí mismo. A veces lo hago.
Es un trabajo en el que tienes intervención en los éxitos de otros. ¿Significa eso que te pertenecen? Ni los éxitos ni los fracasos, pero es fácil caer en la tentación y creerse bueno (o que te consideren bien) cuando no es así…
Es un trabajo en el que se corre el riesgo de atender más a los que más satisfacciones dan. Que son perfiles varialbles, que pueden ser los que mejores resultados saquen o los que están más abandonados por otros docentes, eh? ¿Significa eso que se atiende a los alumnos en función de las necesidades emocionales de docente y no de las necesidades educativas del alumnado? Pues quiero creer que no… Pero realmente no lo sé, nadie me ve en mi aula y no lo sé…
¿Siempre hay ese tipo de razones para que me guste? No, no siempre. Y no son mayoritarias, eso lo sé. Pero sí que aparecen de cuando en cuando. Más de lo que me gustaría. Y menos de lo que parece por lo que cuento, eh? (que yo a veces, ya me conocéis bastantes de vosotras y vosotros, soy muy exagerado).
No basta con que guste este trabajo. Las razones para que guste también cuentan. Y no siempre son razones blancas, no.
Ni pueden serlo.
Porque la enseñanza no sólo es emoción. Es contaminación. El contacto con las personas es así, con luces y sombras. Con virtudes y pecados capitales. Es verdad que mantenerse, como cita Olga, en el “Yo lo más que puedo es enseñar” no es humanista, pero te preserva de las sombras. Eso sí, de paso, te hace perder las luces.
Y a pesar de todo, creo que la línea de la emoción es la buena. Aunque, desde luego, en educación de adultos (aquí estoy también totalmente de acuerdo con Olga), todo es más equilibrado y más gratificante. La educación de los menores tiene un puntito de desequilibrio del que hay que huir de vez en cuando, porque te pueden atrapar las razones feas.
La educación siempre me gusta aunque no siempre me gusto educando.
¿Mi medicina? Hacerme visible. Y si es posible, hacerme transparente. Y tratar de ir, siempre que pueda, hacia el terreno de la colaboración con mis compañeras y compañeros. Convertir la educación en una cosa de adultos. Pero siempre, siempre, siempre, aceptar las emociones y aceptarme emocionado, sea por las razones que sea (tratando de mejorarlas, eso sí).
Así es este oficio… O así lo veo yo…
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A mí me gusta educar; enseñar me aburre soberanamente.
Cuando les educo (mal o bien es otra historia) me estoy educando a mí misma. Yo soy maestra porque me salía más barato que hacer terapia. Curando heridas de niños y niñas, atendiendo emociones no resueltas, conflictos jodidos, me curo a mí misma. Y hago un trabajo que me sé de memoria, no tengo que estudiar mucho para saber qué camino tomar. El carisma, la intuición, me ayudan. El éxito no es mío, es de ellos y ellas.
Puro egoísmo.
Y me canso. Mirar dentro es terriblemente doloroso y este trabajo me empuja a hacerlo cada muy poquito tiempo. Por eso necesito vacaciones a menudo.
En cuanto al reto que supone el alumnado “¿difícil?”… yo no sé quién coño está cualificado para definir a nadie como difícil. Yo fui una niña difícil, decían, y sin embargo yo me veía facilísima, hasta que me convencieron de mi “error”.
Y la verdad es que me gustaría saber decirlo como él:
http://revista.consumer.es/web/es/20091101/entrevista/75246.php
Enseñar lo puede hacer cualquiera, educar en el sentido de acompañar en el crecimiento personal, es una obra de arte y un placer. Y a mí me decían que no sabía yo dibujar… con la artistaza que llevaba dentro…
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Buena pregunta, Antonio. Supongo que la cuestión tiene que ver con una obviedad que muchas veces se olvida: los profesores somos personas. Y a todos, a algunos más y a otros menos, nos gusta que lo que hacemos nos salga bien o, al menos, relativamente bien.
Además, nos gusta que el fruto de nuestras acciones se vea pronto. Vale que el esfuerzo y la superación enriquecen, pero en su justa medida, sin pasarse. Si hacemos algo y, pasado un tiempo, no nos va demasiado bien, normalmente lo dejamos: el que es muy malo jugando al fútbol, deja de practicarlo; el que no es capaz de pasar una fase de un videojuego, lo deja… Nos gusta el reto, pero el reto asumible.
Supongo que por ahí se puede explicar parte del secreto de Ikea : te tienes que montar tú los muebles, requiere cierto esfuerzo, pero es algo asumible; tienen la fórmula del éxito, te pican un poco para que te esfuerces y te sientas orgulloso de ello, pero la recompensa llega relativamente fácil.
Con los alumnos, muchas veces, nos pasa lo mismo. Nos gusta el pequeño reto: motivar a ese alumno despierto pero que pasa de la asignatura, ayudar a ese otro con ciertas dificultades pero que pone interés… Pequeños retos asumibles, pero poco más; el alumno complicado y complejo, el que de verdad nos necesita, nos parece una montaña infranqueable.
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Muy buena tu pregunta. Me la voy a pensar que me apetece. Especialmente hoy lunes que, tras las vacaciones, no hemos podido dar clase en Madrid por culpa de la “nevadita”. !No sabéis cuánto me he alegrado…¡ Ayer domingo pensaba que no iba iba a ser capaz. Hoy me sigue costando la idea aunque algo menos. Tal vez mañana, cuando suene el timbre para salir al recreo y tenga un ratito para hablar tranquilamente de estos días pasados con Ana, David, Tania, Diego, Jorge, Israel, Andrea, … y con … , digo que tal vez cuando les vea sonreir y querer saber, entonces, algo me haga pensar que es una gozada poder compartir mi tiempo de trabajo con ellas y ellos.
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Bueno, pues voy a intentarlo, ahí va:
Yo creo que me gusta educar y enseñar, ambas cosas, no renuncio a ninguna porque, además, creo que en el fondo alguna relación existe entre ambas. Me gusta educar en el sentido definio Lola como un acompañamiento en el crecimiento personal y me gusta enseñar porque descubrir cosas nuevas me parece apasionante y posibilitar esos descubrimientos me gusta, me resulta gratificante.
Además, creo que para sentirnos bien en este oficio y, al mismo tiempo, hacer que los chicos y las chicas se sientan bien hace falta no tener miedo a hacer el ridículo (como dice Onio72) y ser transparentes emocionalmente, como ha dicho José Luis, no puede haber educación sin emoción.
Ahora bien, muchas veces me siento gilipollas con respecto a la Administración, a los compañeros y compañeras, a las familias, a la sociedad y, lo peor de todo, a los alumnos y alumnas. Y esto es lo que más me duele. A veces siento que lo único que importa es que pongas más de un 5 hagas lo que hagas en el aula y fuera del aula. A veces parece que si los resultados son estadísticamente aceptables todo lo demás no importa. Y, no nos engañemos, poner aprobados es facilísimo, hay que analizar qué hay detrás de ese aprobado. Con esto no quiero decir que haya que suspender.
Por otra parte, mentiría si digo que no me gustan los chicos y chicas brillantes, trabajadores y con iniciativa. Es apasionante tener alumnos y alumnas que te sorprenden, alumnos y alumnas cuyos trabajos lees con emoción y deseo. Y eso no significa que no quiera atender a los que no son tan brillantes. Sólo hay una cosa que no soporto y es tener que atender a un alumno o alumna que no tiene dificultades de ningún tipo, que no quiere hacer nada y que su familia lo justifica todo. Eso sí que no lo soporto. Y, además, estoy casi segura de que nos estamos equivocando (la sociedad en general) en permitir que haya nenes y nenas que no hacen nada, que pasan de todo, que no se esfuerzan por nada, que no se responsabilizan de nada y que, sin embargo, tienen todo, exigen todo y no respetan nada ni a nadie.
Por otra parte, estoy convencida de que es mi obligación atender a todos/as y creo que trato de hacerlo. Pero una cosa es atender a todos y tratar de sacar lo mejor de sí y otra es catalogarlos de X o Y y a partir de ahí tenerles pena, convertirlos en unos vagos cuentistas y regalarles todo con la única exigencia de ponerles un asterisco. Eso me parece vergonzoso y poco respetuoso para el alumno o alumna en cuestión.
Ufff, creo que me estoy liando, de hecho iba a borrar todo, pero bueno, le doy a enviar y ya está. Vuelvo en otro momento. Pero antes, sólo una cosa, ¿por qué si se han suspendido las clases los colegios estaban abierto?, ¿quizá lo importante del colegio o del instituto es sólo que sea un buen aparcamiento para hijos/as para seguir el ritmo que esta sociedad consumista nos ha impuesto pero no que nuestros hijos e hijas se formen como personas? (con esto no quiero decir que tengan que dejar de trabajar las madres, ojo, que suele ser la solución que dan muchos/as; sino que a lo mejor es necesario plantearse de verdad eso de la conciliación de la vida familiar y laboral -curioso, para mí la vida es vida, no hay dos vidas- y empezar a trabajar todos/As 4 horas, no sé. ¿Por qué durante toda la mañana se ha insistido tanto en eso, en que no había clases pero sí colegios abiertos?, ¿qué es lo que importa realmente a todos/As: familias, profes, alumnos/as, sociedad?, ¿por qué no hablamos en serio hasta el fondo?, ¿decir sí o no a los portátiles cambia la esencia de la educación aquí o allí? En mi comunidad nos dieron los portátiles hace más de un año y nadie ha hecho una evaluación de cuáles han sido las mejoras que ha habido en la educación en este año, pero políticamente vende mucho eso de decir que somos la primera comunidad en la que todos los profes tienen portátil de la administración, ahora que ese portátil lo use el hijo universitario, lo use en mi casa para mis escarceos pederastas o lo use para mirar la bolsa y los viajes en oferta eso da igual.
Bueno, que me lío, vuelvo luego. Y conste que me gusta enseñar y educar y trabajo en lo que siempre quise trabajar.
Un abrazo, Montse
PD: ah!!! y ya me voy lo prometo, creo que en educación sobran palabras y opiniones y faltan hechos y ejemplos concretos.
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A mí lo que me gusta es aprender. Si hace muchos, muchos años, alguien me hubiera dicho que acabaría siendo “profe”, no le hubiera creído. Me pasaba las horas en clase dibujando en los márgenes de los libros, soñando mundos paralelos, imaginando historias, y sí, también durmiéndome, mientras una voz en off sonaba en la lejanía.
Me hubiese gustado ser dibujante, arquitecto, escritor de novelas, naturalista, director de películas imposibles, bailarín, cantautor, animador de cine, pirata, astronauta, filósofo, poeta, amante, náufrago, buzo, atleta, artista,…
¿Me gusta realmente enseñar/educar?
Ahora mismo lo sé decir, quizás necesite hoy algo más que una siesta, y leer, que aún no lo he hecho, vuestras palabras, para descubrir qué me gusta de enseñar/educar.Gracias por intentar enseñármelo (educadamente,
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Pedro Villarrubia, dices “Me hubiese gustado ser dibujante, arquitecto, escritor de novelas, naturalista, director de películas imposibles, bailarín, cantautor, animador de cine, pirata, astronauta, filósofo, poeta, amante, náufrago, buzo, atleta, artista”, pero chicho!!!, qué te crees que eres sino eso!!!!!
Un abrazo, Montse
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Muy atinados los comentarios de JL Castillo, siempre hay un lado oscuro y egocéntrico cuando llevas una clase, es así. Como dice Montse, a todos nos gustan los chicos brillantes (siempre creemos que tenemos algo que ver cuando aprueban con nota y mucho menos cuando suspenden) porque el fracaso es más duro y su fracaso es en parte el nuestro, incluso aunque nos toque asumir tareas para las que no fuimos formados, como apunta Olga. Lo de los retos asumibles que dice Luisra es la clave para motivar pero no siempre acertamos a plantearlos: porque no les interesa el posible logro, porque no todos están all mismo nivel ni sienten lo mismo. Ojalá fuera fácil graduar las tareas y procesos como los muebles. ¡Seguimos!
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Yo creo que también es importante qué hacemos para que nos guste educar. Más que nada, porque es lo que hay, y mejor llegar a la jubilación contento que cabreado, no?
Que guste educar/enseñar/eloquesea es un curro, no creo que se deba dejar al azar.
Yo me planteo dos líneas para que me guste. Por un lado, me lo tomo como Pedro. Me gusta aprender. Y cada alumno/a es un reto. O cada grupo. Averiguar por dónde entrar, qué hacer para aumentar el rendimiento… Es decir, centrarme en la investigación y luego en la intervención. Siempre dentro de reto asumible, que decía Luisra y que subrayaba Eduideas.
La segunda línea es cooperar. Un trabajo con adolescentes tiene que partir de un trabajo con adultos, creo. Si no, los riesgos se hacen mayores. Y de la cooperación ir al aula. Y vover a la cooperación.
Y una línea para que no me disguste. Asumo trato de evitar centrarme en lo que hacen, o no hacen, familias y Administración (de la que yo también, no se me olvida, formo parte). Reconozco que hay cosas que llevan sus tiempos y que están fuera de mi alcance. Vuelvo a lo del reto asumible, de Luisra. Y trato de imaginar caminos para sortear los obstáculos, o minorar lo que me afectan. Y lo miro como cosas que pasan. Porque si no, me pasa lo que contaba Montse, que entonces uno se pilla sus cabreos.
Al menos, así lo enfoco…
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Hoy (es fácil en un centro de adultos) hablé con una compañera sobre la jubilación, y me ví dentro de quince años, allí mismo, año 2025… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … ¿me gustará verme en este trabajo? y tengo el caso de un compañero (en realidad, varios/as) que, pudiendo estar ya jubilados/as, eligen seguir dando clase. No conozco cada causa, pero, en el primer caso, a este compañero la experiencia de dar clase a adultos le supone una satisfacción personal no experimentada en otros niveles.
Francamente, no sé dónde estaré yo en el 2025, mi padre murió antes de jubilarse, ni si me gustará enseñar entonces. Es posible que para entonces nuestros sabios hayan determinado que no es el dibujo una materia necesaria para enseñar/educar, así que, para qué planteármelo…
Lo que sí seré entonces, Montse, es un aprendiz. Te agradezco tu aprecio, que te reenvío, y que me repitas todo lo que me gustaría ser, con una condición, que le antepongas a cada ilusión, “aprendiz de…”
Porque la vida, a fin de cuentas, es tan corta, que es mero aprendizaje.
Salud…os. -
Hoy, en muchos momentos del día me he parado a pensar si me gustaba esto de enseñar. A pesar del sueño y el cansancio que arrastro, adobado con un catarro mesetario de aúpa, he constatado que sí, que me gusta mi trabajo.
He leído dos o tres veces el comentario de Jose L. Castillo y me he dejado “afectar” por todos esos gustos personales que él menciona. Al fin y al cabo es sano tratar de cubrir nuestras necesidades si se hace con un cierto equilibrio.
Me he dado cuenta que también me gusta mi trabajo por mis vacaciones (que tan agotada me dejan) y por mi sueldo. Me gusta por mis posibilidades de jubilarme a los 60 años o por mi condición de funcionaria desde hace ya 20 años. Me gusta mi trabajo porque lo realizo en una escuela pública y me siento muy libre dentro de lo que me permiten las carencias económicas y de profesorado.
Me gusta y me emociona mi trabajo y me emociona especialmente por los pequeñitos logros del día a día en el primer ciclo de la ESO como maestra especialista de inglés y sobre todo tutora y profesora de MAE. Me encanta verles descubrir que cuentan en el proceso, que aciertan, que valen, que lo disfrutan. Cuanto más se quieren más lo disfruto, cuanto más cosas cuestionan más me alegro aunque desgasta ser yo el objetivo principal de sus prácticas desobedientes: -”Yolanda, ¿No decías que era importante tener opiniones propias?”.
Mis puntos débiles se cubrirían si este trabajo lo hiciera desde un equipo en el que poder sentirme diferente pero valiosa, como cada una de las otras personas que lo formasen. No lo tengo, no sé si lo voy a tener. De momento en el departamento de inglés hemos comprado café, galletas y azúcar (moreno). Puede ser el comienzo de algo grande.
Y añadiré que desde que soy madre y tengo a Ismael y Violeta en la escuela he descubierto que si no tuviera este trabajo me gustaría tenerlo. A ser posible me gustaría ser profe de infantil. Verles llegar a los 3años, incapaces de abrocharse el abrigo y verles salir a los 5 organizando sus espacios y sus rincones con tanta autonomía tiene que ser verdaderamente emocionante. (Que me perdonen los y las profes que tienen que dedicar un montón de horas a preparar la selectividad. Imagino que tiene que ser duro pero no por eso menos importante -mientras que no cambiemos el sistema)
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Como dice nuestro anfitrión me gusta educar y enseñar. Y aprender, como a Pedro. En realidad lo que me llena de este trabajo es la comunicación con otras personas; creo que es eso que ahora se define como storytelling y que se puede entender como una novedad si no has visto La lengua de las mariposas. Por eso te preguntaba Antonio, y después a Juanjo, cuando estuvisteis en Málaga en diciembre, cómo se llevaba lo de la docencia no presencial; creo que me costaría adaptarme.
La cuestión planteada es especialmente pertinente para mi este curso porque se ha creado en mi centro un grupo con alumnado muy difícil, que hasta el curso pasado estaba siempre expulsado, y cuyos entornos familiares están en una zona muy marginal de El Palo. Pidieron voluntarios para darles clase y por razones que voy a entender mejor después de este claustro me ofrecí. La primera de ellas es que creo que estos alumnos son los que más necesitan de nuestro trabajo como dice Antonio; pero también es verdad que me gustan los alumnos difíciles, te obligan a hacer algo diferente; también me encantan los de 2ºde Bachillerato y los brillantes como confiesa Montse, no creáis; de hecho conozco a pocos alumnos que no me gusten; la inmensa mayoría suele mostrar su mejor lado en algún momento, o en muchos, y me suelo quedar con ese. Para lados oscuros ya tiene uno bastante con los suyos, que han sido muy bien descritos por José Luis. Me parece que nos vienen bien las gafas 3D de verle el lado bueno a lo que tenemos alrededor en nuestra película diaria.Los peores ratos los tiene uno cuando recibe muy poco, o nada, en la comunicación diaria y le toca poner siempre. Esto es lo que me pasa con este grupo difícil y entonces me hago la misma pregunta de este CIO. La mayor parte de las respuestas que encuentro ya las habéis mencionado; añadiría que a veces creo que me faltan recursos para este alumnado; otras veces llego a la conclusión de que hace falta una labor colectiva, que uno solo no puede, pero esto es ponerse surrealista y meterse en El ángel exterminador: por alguna razón seguimos presos de inercias invisibles.
Pero como bien dice Luisra, los docentes tenemos expectativas de éxito; y ello implica convivir con insatisfacciones, y encontrarnos alguna vez con la montaña infranqueable; mañana a segunda hora tengo mi Everest particular, que de momento es mejor que el desierto.
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Pues sí que tiene su miga la pregunta, mi respuesta es SÍ (con mayúsculas y en negrita), me encanta, me apasiona, me emociona , es lo que más me gusta… y podría seguir así mucho tiempo, pero no quiero extenderme demasiado.
Revisando unos papeles de cuando yo tenía 6 años me preguntaban:
¿Qué te gustaría ser de mayor? y yo respondía: profesora de gimnasia (Bueno como os podéis imaginar gimnasia no estaba escrito así)
El caso es que después de varios años estudiando he tenido la suerte de conseguirlo y estoy en un colegio de primaria, donde la educación en la calle a veces brilla por su ausencia, pero cada día intentamos que esa mala educación no entre en nuestra escuela.Cuando cada mañana me encuentro con mis 24, intento darles lo mejor de mí misma y sacar de ellos lo mejor, nunca lo peor. Pasamos muchas horas juntos e intentamos aprovecharlas al máximo.
En nuestro colegio intentamos: Educar, enseñar, aprender, madurar, crecer… y a veces hasta lo conseguimos (…)
Saludos
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Bueno,
vista la propuesta de que esta edición de CIO de cuyo nombre quiero acordarme, no en vano es un señor número primo, llega a su fin, toca dejarme caer por aquí.Soy nuevo en estos lares, y ante semejantes compañer@s de viaje me siento un poco apabullado. Es todo un honor, ser “enseñante” o “educante” (no me gusta lo de educador, por su terminación “-dor”, se asemeja a legisla-dor, manipula-dor, en fin que no me gusta) sólo por el simple hecho de tratar con personas encantadoras en el día a día, …, me gusta resaltar lo bueno y guardarme lo malo, no olvidarlo, pero si esconderlo mientras quede espacio para ello.
A lo que iba, comentarios como el de José Luis o Montse con su “desnudo integral”, favoreciendo el de YolaJb, el contraste expresado por José María, y que much@s sentimos a diario, … , describen de una manera magistral nuestra profesión.
Antes de dedicarme a esto de la educación, pensaba que la docencia, debía ser interesante. Y no es interesante, es como escalar 8 miles, uno detrás del otro, con apenas medio vasito de agua, entre dos de ellos, pero … es verdaderamente apasionante. Y engancha … pues claro que engancha.
Educar, corregir, ayudar, asesorar, guiar, motivar, estimular … y finalmente un poco de mates, que nunca viene mal.
Y engancha en el aula y engancha en casa, … y cuando respondes un correo a un alumno, o cuando te escribe un comentario en el blog, o cuando va a buscarte en un recreo … engancha …
Respecto a Educar-Enseñar.
Fijaos en este detalle: “Centro Educativo”, en cualquier documento oficial, no se habla en ningún momento de centro de enseñanza o centro de aprendizaje, se utiliza siempre centro educativo. ¿Por? ¿Ha cambiado la función principal de estas instituciones? ¿Por qué se llama Educación Infantil y Primaria y a la Etapa Secundaria, Enseñanza Secundaria Obligatoria? ¿Hay matices preestablecidos? ¿Por qué el Bachillerato no se considera ni una cosa ni otra, Bachillerato Post Obligatoria?
Yo creo que a todos nos gusta enseñar, nos gusta comprobar que nos han comprendido, … en mi materia, “las odiadas mates” (vaya criaturita quien le colgara este sanbenito), me gusta mirarlos y comprobar cómo le brillan los ojos, cuando descubren algo nuevo y cómo ansiosos se giran hacia el/la compañer@ deseando compartirlo … Sólo por esto merece la pena. En el fondo, todos queremos enseñar, es algo innato.
Lo de educar, lo intento a diario, una mala postura, un mal gesto a un compañer@ o a un profesor, no trabajar cuando el resto lo hace … eso yo creo que lo hacemos todos, no quiero creer que el resto de compañer@s profes no lo haga.
Hace muy poco, en el trascurso de una clase, dije ” … yo estoy aquí para educaros” y no me dió tiempo a acabar cuando un alumno dijo en voz alta: ” maestro (me encanta esta palabra aunque sea profesor), usted (me dejó sin palabras) está aquí para enseñarnos, no para educarnos, eso se supone que ya lo estamos …” y cuando reaccioné le comenté: “tienes razón en parte, pero lo que veas mal debes ayuar a corregirlo y por eso lo hago, es una obligación moral. Lo de enseñaros, tampoco es del todo correcto, yo estoy para facilitaros vuestro aprendizaje individual …” y tuve que entrar en explicar esto último, que por cierto, le gustó bastante. Fue un rato que recuerdo con mucho cariño, igual que otros tantos …
Si esto es enseñar o educar eso ya no lo sé, pero me gusta.
Pienso que si le contásemos que deben “Aprender a aprender” otro gallo cantaría y se pondrían las pilas rápidos.
En fin “la aventura de guiar en el camino del saber”, con “esos locos bajitos” (y no tan bajitos) es apasionante.
Fue un placer haber compartido CIO XIII con ustedes.
Hasta siempre.
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Definitivamente, cuanto más hablo con compañeras y compañeros a los que les gusta la educación, más me gusta la educación.
Que algo guste es un curro, claro. Pero contagiar también creo que es otro curro más. Que hay que ser acogedor, paciente, escuchante, atento… Buena gente, vamos… Y eso no lo somos todos todo el rato. Las explosiones en educación se pagan. Explosivo está reñido con contagioso.
Tengo todavía tanto que aprender…
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Y si no me gustara ¿qué? Pues probablemente no vendría aquí a decirlo. No escribiría que a mí me hubiera gustado de verdad dedicarme a otra cosa pero que con la vida funcionariada siempre tienes tiempo para lo tuyo. Días de 4 ó 5 horas en el instituto y ya está. Intentas caerles bien en clase, no suspender mucho, poner pocos deberes, algunas clases de bachiller para sentir que esto tiene sentido y tu vida tampoco es tan difícil. ¿No entiendo cómo hay tanta gente que se queja?
Sí, claramente; la enseñanza no es la primera elección de vida de mucha gente pero al final gusta.
Se puede compaginar con los estudios de doctorado y de algún Máster. Algún curso en el extrajero, algo de investigación o dar clases en la uni por las tardes, sacar publicaciones o colaboraciones en revistas cada poco, … Y si nos cae la jefatura de departamente aún queda tiempo para preparar cosas en horas lectivas.
La pena es que no nos reconocen con puntos todo lo que hacemos.
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Querida Yolanda:
De esto ya hablamos en Almería pero has vuelto a ello en tus dos comentarios y, con todo mi cariño y mi admiración hacia ti, tengo que volver a decirte que lo que dices está lleno de prejuicios. Educar o no educar no depende de ser maestro/a o profesor/a (a mí me encanta que me digan maestra como dice Luis Miguel) pero no estoy dispuesta a admitir esa idea falsa de que los maestros sí quieren educar y los profesores no. Afortunadamente, llevo dos años dando clase a los chicos y chicas de 2º de ESO, antes no podía porque soy de Filosofía y no había materias hasta 4º ESO, y estoy harta de ver maestros y maestras que se limitan a hacer dos exámenes y hacer la media y punto. Que nunca, nunca corrigen un cuaderno, que nunca nunca llaman a las familias, que nunca nunca proponen medidas educativas para solucionar los problemas. Que van al centro con una mano delante y otra detrás, que en las horas complementarias lo único que hacen es leer el periódico (porque no tienen que comprarlo ellos/as), que nunca se llevan ningún trabajillo o cuaderno o algo a casa para revisarlo, que a veces dejan la clase sola para bajar a por el periódico, que siguen exigiendo que se les llame Don y Doña, que… Que su pedagogía ha sido dar hostías como pianos y amedrentar a los chicos y chicas que…
Así que, por favor, dejemos ya los prejuicios a un lado. Algunos y algunas somos profes y sí queremos educar y sí estamos aquí porque queremos pero estudiamos una licenciatura porque nos dio la gana. ¿Acaso tengo que pedir perdón por ello?, ¿acaso no puedo ser tan buena como tú?, ¿por qué tanto prejuicio y beligerancia hacia los de secundaria?
Porque puestos/as a argumentar guiados por los prejuicios, también hay muchos maestros que estudiaron magisterio porque era de las carreras más fáciles y más cortas. ¿A que no es tu caso? Pues, tampoco es nuestro caso el que tú siempre presupones.
Un saludo, a todos/as, maestros/as y profesores/as y, en general, personas que creen que la educación es el único modo de conseguir un mundo cada vez mejor. Montse
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Montse, es una pena que hayas interpretado mi comentario por ese lado. Por supuesto que se puede dar esa interpretación pero no era mi intención esta vez. Mi intención era decir, sencillamente, que la gente que no se apasiona tanto por esta profesión como todas las personas que hemos comentado hasta aquí, no van a dejar aquí su comentario. Estarán a lo suyo, a lo que les merece la pena y probablemente no dedicarán su tiempo libre a compartir su vida en espacios como este.
Desde que Onio72 planteó la pregunta del CIO XIII me he dedicado a hablar con mucha gente de mi centro (y de otros) sobre el tema. Lo que planteo en mi último comentario no me parece tan desacertado. No es que quiera decir que es un planteamiento mayoritario. No. En absoluto. Simplemente lo apunto como una posible identidad de quienes no acudirán al debate.
Al darme cuenta que el enlace a EducaRueca no funcionaba he querido aclarar mi identidad como maestra. Eso era todo.
Y es curioso porque yo llevaba días buacando tiempo para dejar mi comentario con una enumeración de cosas que hacen que mi trabajo no me guste tanto y al final lo que he escrito es algo completamente diferente … ¿o no?
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Pues sí, creo que también está bien abrir un “me gusta este trabajo a pesar de”.
Y hay una cosa que no me gusta de este trabajo. Por encima de todas las demás. La cantidad de tiempo que dedicamos a la búsqueda de la diferencia. Con la de cosas que hay que hacer juntos, y con la cantidad de coincidencias que acumulamos…
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Vuelvo a este debate por donde debería haber empezado:
¿Pero qué pregunta es esa, si me gusta o no me gusta, si realmente o no? ¿educar o enseñar?
¡Si ni Juanjo ha vuelto por aquí!…
¡Si Yolanda dice con razón que eso se responde con un sí o un no!¿Le importa a alguien que nos guste o no nos guste?
¿Afecta eso a nuestras condiciones de trabajo, ratios, sueldos, inversiones educativas, currículos…?
¿Y si a alguien no le gusta, podemos hacer que le guste?
¿Cambian nuestros gustos y disgustos por la educación con el tiempo?
¿Es mi gusto el disgusto ajeno?¿Plantearíamos, y perdona, Antonio, esta pregunta en un claustro real?
¿En cualquier trabajo real?¡ No, no y no !!
Si lo que queremos hablar es del malestar o bienestar docentes y sus causas, que existen, hablemos.
Si queremos hablar de subjetividades (hoy me siento bien… me gusta conducir… disfruto jugando al fútbol… ) hablemos de publicidad, no de educación/enseñanza, o escribamos lo que nos gusta en nuestros blogs.
Saludos, y caña al mono hasta que hable esperanto.
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(…vaya publiqué casi sin querer, sigo)
…que lo que yo he pensado que podía aportar. Y esa pregunta, muy en el fondo, está detrás de cualquier claustro real, de esos en los que hay algunos que están deseando que se terminen y otros deseando que sean de otra manera. Y otro tipo de claustros, que también los hay, productivos y de grupo en el mejor de los sentidos. Es curioso que un artista hable de “subjetividades” aproximándolo tantísimo a “publicidad”.
¿Caña al mono? Perfecto. Y muchísimas gracias, Pedro
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Pues yo voy a seguir hablando de subjetividades, realmente no sé hablar de otra cosa, y seguramente gracias a todas las aportaciones que leo en esta entrada estaremos un poco más cerca de la objetividad; si es que esta se encuentra en algún sitio al que podamos aproximarnos. (No te quejarás Pedro, que estamos entrando a tu trapo con gusto:)).
Al pensar en la pregunta de este claustro me vienen a la cabeza respuestas en las que se mezclan mis intereses, expectativas, frustaciones, inquietudes … Y me cuesta responder con un sí o un no. Y por eso comprendo la diversidad temática que aparece en los comentarios.
Reitero la pertinencia de la pregunta; en mi opinión, esta cuestión es la madre del cordero educativo desde que empecé a trabajar como docente y probablemente sea el tema más recurrente sobre el que haya discutido con otros docentes.
Así que, más caña al mono hasta que sea competente con las TIC y sin ellas, que sea bilingüe, aunque sea con esperanto, y sea un ciudadano. -
Yo tengo la desdicha de haber estudiado con compañer@s en la carrera que hacían magisterio porque “tiene una nota de corte baja”, osea que se cumplía aquello de “el que vale, vale, y el que no, “p’a” maestro”. Además, me decían, si te lo “curras” un poco más, te sacas la oposición y tienes un trabajo relativamente bien remunerado para toda la vida, así que para qué intentar sacar otra carrera si con el magisterio tenían la vida resuelta.
Ese mismo virus es el que asalta ahora los centros escolares (en gran medida en primaria, en una excelsa medida en secundaria, y en menor medida en adultos), hay hornadas de docentes cuyo único interés es entrar a la hora, salir a la hora, y complicarse, e implicarse, lo menos posible, como si la docencia fuera un trabajo de oficina, o un trabajo de cadena de montaje.
Además, nos encontramos que quienes solemos participar en estos debates, en los foros de innovación que se abren (congresos, grupso de trabajo, blogs, wikis, foros, etc.) somos aquellos que nos creemos nuestro papel como docentes, que queremos enseñar y transmitir, porque somos maestros, mentores, docentes… Mostramos el mundo, el conocimiento, el uso práctico del mismo para que el alumnado que pasa por nuestras aulas sea más competente en la vida, y hasta tratamos de transmitir valores, que son contrariados, casi constantemente, por las familias, los grupos, y los medios de comunicación.
Otra cosa es nuestra tolerancia a la frustración, nos frustra que menganito no haga los deberes, nos da rabia que fallen en las evaluaciones porque no prestan atención a lo que leen, nos cabrea ver a alguien rendir por debajo de sus posibilidades, pero por eso mismo somos buen@s docentes, porque si no nos pasaran todas esas cosas, eso significaría que nos la trae al pairo todo, y, por lo tanto, jamás seremos capaces de que esas cosas que nos frustran cambien.
PD: He dicho
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Me pide Yolanda vía Twitter que retire la expresión “caña al mono…” que le disgusta porque ya hace tiempo (ojalá fuese realidad) que no se maltrata a los animales ni en los circos, y que no lo dice aquí por no cambiar de tema.
Quiero decir que no me gustan las retiradas, que mi referencia no era a los monos sino a estos claustrales pasivos, que sí me parece que su disgusto tiene que ver con el tema, y que el uso, abuso y manipulación de las palabras sí que me disgusta.
En base a esa última contradigo la primera y retiro la expresión. Cámbienla por cualquier interjección malsonante que hayan oído susurrar en cualquier claustro cuando el tema no era del gusto de aquel claustral.
Sinceramente, el tema infantil “me gusta-no me gusta” me disgusta, y recalco, es francamente publicitario y consumista. “¿No te gusta?” -te regalo un portátil -te ajusto el horario -acorto este claustro -pongan lo que quieran: conductismo puro, la campanilla de Pavlov, el caramelo del nene, lo que sea para que te guste…
Y no me creo lo de Juanjo… “no puede aportar…” eso me dicen mis compañeros/as: “no se me ocurre nada… qué voy a decir… está todo dicho…”
Díganme que se van al fútbol, que están de papeles hasta la gorra, que no saben dónde ni qué comerán hoy, que no les parece importante,… lo que sea…
Estoy disgustado… vaya!!
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No se si mis claustros son marcianos, pero, generalmente, se emplean para la transmisión por parte del equipo directivo de informaciones, y la consulta de decisiones, que previamente ya están “dirigidas” por ese mismo equipo directivo.
No suelen ser los directores de fomentar el debate entre el profesorado, de favorecer la reflexión o la disensión en estos temas:
Claustros que he vivido sobre el mismo tema (acogerse al programa de TabletPC para primaria) en dos centros distintos:- Jefe de Estudios Centro 1: Ya sabéis que ha salido la convocatoria y desde la Dirección Provincial nos animan a que nos acojamos, aunque no nos garantizan mantenimiento, ni seguimiento, ni formación. Ah, y necesitamos saber ya si el claustro aprueba que entremos o no porque el plazo para solicitarlo acaba en una semana.
- Jefe de Estudios Centro 2: Ha salido la convocatoria de los Tablets, y hemos pensado que sería bueno acogernos al programa, para seguir siendo un centro puntero en todo lo referente a innovación. Ya sabéis que los equipos llegan y que llevan una formación aparejada, además de un seguimiento por parte de los CPR. Ah, y necesitamos saber ya si el claustro aprueba que entremos o no porque el plazo para solicitarlo acaba en una semana.
En ambos casos se aprecia lo “dirigido” que está el tema, y en ambos casos está claro que lo que esperaban los equipos directivos es el silencio y el acatamiento, en lugar del debate, el análisis de pros y contras y que se trabaje sobre opiniones fundadas y casos conocidos.
En mi opinión el Claustro acaba siendo un lugar donde se “cuchichea” mucho y se habla poco, puesto que al que suele hablar, en general disintiendo de lo que se ha planteado, además de ser mal visto, suele acabar “marcado” como persona non grata por el Equipo Directivo.
Quizá habría que cambiar ese concepto del Claustro monástico, por el de las Reuniones de Equipo Docente, en las que, sin enquistarse en el “a qué huelen las nubes” y sin pretender “arreglar el mundo y la educación de un plumazo”, se potencie el debate pedagógico, como manera de favorecer, de paso, la transición al trabajo por competencias.
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Hola a todos y todas!!!
Antes que nada daros gracias por todos vuestros comentarios, realmente me han dejado fascinado y lleno de energía, y eso se agradece porque realmente pensar que un claustro como vosotros, aunque sea Ideal, es posible. Así que por mi, prefiero que siga abierto a que reine el silencio.
Respecto a la pregunta de si me gusta educar, sin duda he de decir que sí, que me encanta educar, no enseñar. Como bien decian ya muchos compañeros creo que nuestra tarea como maestros y maestras no es la sencilla tarea de transmitir meros conocimientos que muchas veces ni tenemos y creemos tener, si no que nuestra tarea creo que va más allá y muchas veces no la cumplimos, por que, no lo se.
Yo veo al maestro como alguien que aprende, alguien capaz de escuchar, dialogar y sobretodo aprender. Alguien dispuesto a descubrir cosas nuevas en su dia a dia, abierto a nuevas experiencias que nos brinda la vida y sobretodo la suerte de tener un grupo de chavales capaces de transmitirnos algo increible, ilusión por aprender. Confio en que algún dia seamos capaces de respetar ritmos de vida, ritmos de aprendizaje, inquietudes, necesidades y la libertad de cada uno. Confio en que seamos algun dia capaces de frenar en nuestro camino frenético marcado por los altos cargos que creen saber lo que necesitan nuestros niños y niñas, cuando solo ellos y ellas saben lo que necesitan, y realmente, dudo que alguien se haya parado a preguntarles. ¿Por que no volvemos a abrir las aulas al mundo exterior? ¿Por que lo que para nuestro alumnado es algo natural fuera del aula es algo extraño dentro de ella? Son cosas que nunca comprenderemos, y solo hacemos que empeñarnos en saber y decir lo que es mejor para ellos. ¿Acaso es mejor para ellos y ellas que aprendan a leer a escribir y leer en Infantil? ¿Nos hemos planteado otra opción? ¿Realmente te lo estan pidiendo? ¿O estamos quemando etapas y fulminandolas al ni siquiera presentarselas como posibles? No dejamos la posibilidad a nuestros niños y niñas del aula de que sientan y se expresen con la naturaleza que les rodea, nos vemos perseguidos por la rutina de seguir una programación absurda y estupida por miedo a una inspección…
¿Quien es más importante para ti…? ¿Para nosotros? ¿Nuestros alumnos, o el Inspector? Por favor, paremonos, y pensemos en ellos y ellas, dejemos que sean ellos y ellas quienes marquen nuestras vidas y nuestros ritmos, que sean ellos y ellas quienes elaboren sus propias programaciones y realmente vivamos desde dentro ese proceso de vida tan impresionante como es el de crecer y aprender junto a ellos y ellas.
Tenemos la suerte de poder gozar de algo increible, y ese algo increible que no lo destrocen unos cuantos compañeros, o los libros de texto, o equipos directivos preocupados por los papeles y sus los altos cargos,…
Realmente, muchos dias y muchos momentos creo que mi lugar esta fuera de la escuela publica, pero muchos otros, y sobretodo despues de leer y compartir en sitios como este, me doy cuenta, que no estoy loco, que es posible y que tan solo es cuestión de creer y hacerlo por quien lo hacemos, por nuestros alumnos y alumnas, por sus familias, y por nosotros mismos. Otra educación y otra escuela es posible, luchemos por ella!!!
Saludos!
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Cualquier pregunta es buena si se crea debate, Antonio, y ese “infantil” mío no es peyorativo, sino descriptivo de una etapa donde el “me gusta-no me gusta” es casi constante.
Vivimos en una sociedad simplista y consumista donde todo se resume en un me gusta- no me gusta, con respuestas cortas de sí o no, donde nos guía más el olfato y el gusto que la vista y el oído (y menos aún el tacto).
Hoy ese me gusta-no me gusta se extiende más allá de la infancia y llega hasta
cualquier edad o profesión. Es la pregunta de la margarita, generalizada.Pero… ¿Es la educación cuestión de gustos? ¿Debe gustarnos, y gustar al alumnado “todo” lo que hacemos? ¿Es mejor trabajar, colaborar, compartir, sólo con quien nos gusta? ¿no implica todo aprendizaje cierto disgusto, compensado por su resultado?
……..
Hoy se me presentó un alumno adulto que cambió de modalidad de bachillerato. No le gustaba. No pasaron unos minutos sin que me enseñase sus dibujos, sus videos, sus ideas. Era fácil entender que podía pasar horas dibujando. Me dijo que eligió la otra modalidad porque tenía más “salidas”, y me preguntó para qué podría “servirle” el Bachillerato de Artes… para qué…
También me preguntó si me gustaba dar clase…
Qué cosas… -
Pues mira, Antonio, filósofos/as tiene el CIO bien cualificados para definirlo, per yo le respondí al alumno: “a veces…”
Y pues sí, claro que me gusta (a veces), si uno como yo cumple 20 años en la enseñanza, aún siendo de natural autista,
y ha conocido tanta buena gente estos años, alumnos y compañeros/as, y tiene unos gramitos de corazón, y se pasa días trazando paralelas, pegando carteles y sacando fotos, sería injusto conmigo mismo si no dijese que me gusta.Y no digo que el debate sea infantil, sino el tema o la pregunta.
Porque importan las respuestas, si son simplistas o no, y lo que hagamos respecto a ellas. Con preguntas más simples (¿Es la tierra redonda o no?) se ha dado la vuelta al mundo.Además, seguro que lo sabes, muchas veces los niños plantean las mejores preguntas.
Tan sólo espero que las Consejerías no se acojan a tu pregunta para pagar menos a quienes nos gusta educar/enseñar.
) -
Hola a todos!
¡Menudo debate más interesante!
Mi respuesta es un sí rotundo y contundente, lo que no excluye de altibajos y malos momentos. Os cuento. Creo que la educación es uno de los retos más bonitos y difíciles que hay en este mundo, sin menospreciar a otras profesiones. Educar, en cualquiera de los ámbitos en los que nos movamos, supone ayudar a sacar de dentro del educando lo mejor de sí mismo. Es una experiencia dura y maravillosa, especialmente cuando ves ese brillo en los ojos de los chavales que indican que vas bien, que les entiendes, que les estás ayudando a ser persona un poco más…
Yo sé que me gusta la educación porque voy contento a clase, porque todavía no he mirado a otro lado cuando he tenido delante a chavales difíciles y porque -especialmente- gracias al compartir con ellos aprendo y siento que la vida es un continuo aprendizaje.
He pasado por educación no formal, colegios, Escuelas Infantiles, Educación de Adultos, trabajo con toxicómanos, enfermos mentales, compensatoria, el instituto… siempre he tenido el mismo concepto de educación y siempre he tenido una gran satisfacción por lo que hacía.
Igualmente, cuanto más aprecio la educación en estado puro más odio la burocracia administrativa escolar, las cortapisas para el desarrollo de la tarea educativa con creatividad y más me cuesta aceptar el pasotismo de tantos profesores que están en esto como podrían estar en cualquier otra cosa. Afortunadamente, los chavales y los compañeros apasionados de su trabajo, en mi centro o en este CIO, me dan vida.
La semana pasada hablaba con dos chavales con problemas disciplinarios. Una adolescente está jodida por la pérdida de su madre (ante la más absoluta indiferencia del profesorado); el otro, por una familia en situación complicada. Un rato de dedicación, una entrevista sincera, un saludo en los pasillos y sus caras son otras, sonríen. ¡¡Si en los centros diéramos a los chavales algo más de lo que necesitan y menos de lo que les damos cambiaría tanto la relación!!
La sonrisa de estos dos chavales me llena, hace que quiera verlos de nuevo mañana. -
La situación del sistema educativo (I)
Seré lo mas breve posible.¿Más dinero para educación? respondo: ¿ha servido de algo el dar más y más dinero a los de siempre? ¿no sería mejor un gasto pormenorizado para evitar así una cierta evasión “de capitales”?
¿Educación pública o privada? Que la educación pública de una calidad igual a la que dan desde el sector privado. La educación pública con mas recursos funciona, en general, peor que la privada. Que un padre pueda llevar a su hijo a un colegio público con la certeza absoluta de que recibirá una correcta formación. Educación pública siempre, oferta desde el sector privado también.
¿Nuevos planes de estudio? Por Dios, una ley bien hecha que no busque agradar a todos sino el bien del alumno. Ya está bien que se pongan en marcha leyes que no vales para nada donde se quiere con perdón que nuestras futuras generaciones salgan gilipollas.
¿Competencias de las autonomías o del estado?Competencia del estado. Un plan nacional para toda España afirmo que se adapte a las características propias de cada autonomía. Que Valencia no sea totalmente opuesta a Galicia.
¿El profesor? Mejores salarios para el docente. Que no se “queme”, que sienta que las normativas le permiten desarrollar bien su faena. El maestro, sí maestro, tiene que sentirse valorado por los padres, quienes deben aceptar las pautas que marque en clase.
Insisto y remarco la importancia de la ILUSIÓN del profesor.¿Los alumnos? Se les ha de enseñar,no sólo en el claustro, sino en la familia y son los LOS PADRES quienes tienen una obligación para con los hijos.
No sé si compartiréis mi visión pero más o menos, y por lo que me han hablado gentes cercanas a este mundillo y mi propia experiencia, así está el patio.
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A mí el mensaje de Campomanes, absolutamente fuera del tema, me sirve; me resulta esclarecedor. Trabajamos junto a personas que llevan a sus hijos, e incluso a sus hijas, a la escuela privada porque dicen que en la pública no aprenden nada. Si, si, lo sé. Me diréis lo de la cercanía, el profesorado conocido, y muchas otras razones que puedo entender. Pero la gran mayoría de los que no creen en la pública, (y cierto que algunos institutos son ya inviables por el desequilibrio intercultural) llevan sus hijos a la privada porque, como dice Campomanes, le darán la educación correcta, y en muchos casos le hablarán de la familia correcta, le enseñarán la religión correcta… Y no estoy hablando precisamente de cooperativas educativas y colegios privados laicos, que son la minoria y algunos muy valiosos. Estoy hablando de la mayoría de concertados instalada en mi barrio obrero de Madrid.
Cuando hablas con profesionales que trabajan en esos centros concentrados religiosos la “desafectación” por una educación integral de la persona es incluso mayor que en la pública. Contenidos, exámenes, buena educación (es decir tú te callas), y obras de caridad en concepto voluntario.
Yo me pregunto si les gustará enseñar. Probablemente sí. Probablemente son tan vocacionales como yo misma pero su entorno se les ha quedado demasiado estrecho para salirse fuera del tiesto. ¡Qué mala es la costumbre¡
Y ahora os preguntaría si el lenguaje sexista de Campomanes lleva curriculum oculto o no. Reivindico ser visibilizada, como madre, como hija, como maestra. Si no me nombran no existo. Cuando me nombran me gusta, siento que cuento, siento que en la diferencia también soy importante.
Yo leo e interpreto que cuando das “caña al mono”, cuando utilizas “maricón” como un insulto o cuando sólo nombras a los “hijos” estás diciendo algo más.
Antonio igual yo también estoy algo fuera del debate. Lo siento un poqutitito.
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De acuerdo con ErdeBoino a mi también me gusta ser creativo y democrático y usar las nuevas tecnologías y no dar lecciones magistrales y no usar el castigo o la amenaza y favorecer la participación y hacer trabajo colaborativo y favorecer la autonomía y respetar los diferenes ritmos y muchas cosas más. Cuando voy de vinos con mi cuadrilla lo pongo en práctica. En el instituto no puedo. Tengo aulas con 29 alumnos y eso no es posible. A mí, después de leeros, he descubierto que mi trabajo no me gusta tanto como puede parecer.
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Esta bien ver a gente como a Campomanes (persona humana o virtual) por aquí. Hoy, escuchando lo del pacto educativo me he preguntado si yo sería capaz de llegar a un consenso con esta persona. Tengo dudas si me gustaría más o menos educar tras ese posible acuerdo. Algo me hacía pensar que no, que tras un pacto educativo con la derecha todo irá necesariamente peor. Después he tenido la sensación que las condiciones en las que se educa no tienen tanta importancia a la hora de encontrar sentido e ilusión por lo que haces como docente.
Hace unos días nos contaba una mujer Afgana las dificultades por las que tenían que pasar para poder dar clase a niñas y mujeres en su país. Indescriptible la situación. Sus escuelas están a cargo de mujeres llenas de ilusión, de energia, de ganas de luchar para transformar una sociedad plagada de injusticias.
Así que, quedo convencida una vez más de que las distintas leyes que regulan la educación nos son tan relevantes a la hora de definir el sentido pleno que le encuentro a mi trabajo.
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“Y ahora os preguntaría si el lenguaje sexista de Campomanes lleva curriculum oculto o no” ¿Qué lenguaje sexista? Yo no hago distinciones entre hombre y mujeres, niños o niñas, por Dios, porque hablo de la juventud, de personas, o de los profesores y utilizo el género neutro, no nos carguemos el castellano con tonterías.
Al hilo de la última intervención y por no “irme del tema” diré que no es necesario un ordenador por alumno, sino que el profesor sepa trasmitir valores y conocimientos. ¿Creatividad e innovación? Pues claro que sí, y si el método pedagógico no funciona a probar otra cosa. Tampoco estoy diciendo que se haya que implantar teorías revolucionarias, pero si nuevas propuestas por parte del docente. SÍ A LA CREATIVIDAD.
Espero no haberme ido mucho del debate, y si así fuera, lo siento.
Por cierto, mi nick no es gratuito Yolajb. -
De nuevo la intervención de Campomanes me resulta esclarecedora. El problema está en el “género neutro”. Demasiado docente de “género neutro” en las aulas. Demasiado padre y madre de ese mismo género. Producto final: chicos y chicas de “género neutro” tras su paso por esta fábrica de “géneros neutros” en la que estamos convirtiendo la escuela.
Y sí, estoy de acuerdo: SÍ A LA CREATIVIDAD.
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Género neutro: personas. No importa sexo, color de piel, riqueza o pobreza sino el ser humano.
Decir niños y niñas, aparte de un error gramatical como la copa de un pino, es una tontería.Es necesaria una educación en valores éticos, que los padres y profesores trasmitan valores universales, aquí y en Malasia, como la justicia, el amor, la solidaridad, el bien, etc. Estos valores éticos suprareligiosos, permititrá que la diversidad de nacionalidades (Marruecos Rumanía, España…) con sus diferentes religiones o ateismos sean suplidos por unos valores COMUNES PARA EL HOMBRE (ser humanos: hombres y mujeres no hombre como varón)
Descías Yolajb en otre intervención que “con la derecha todo irá peor” La derecha y la izquierda han traído la ruina a la infancia. PSOE Y PP sí, con nombres y apellidos. Buscan engañar a los jóvenes y niños, futuros votantes. La maquinaria electoral propagandística cuyo fin es que los libros sean panfletos políticos. Busquemos los valores éticos que SON COMUNES A TODOS. Estos son la solución al sectarismo que muchos profesores practican. De vergüenza.
Gracias a Dios que quedan profesores íntegros y la JUVENTUD docente viene apretando duro y exigiendo menos POLITIQUERÍA y mas contenidos decentes para nuestros hijos. -
Chelucana escribió hace unos días “quiero ser una docente indecente”. Yo también quiero. Educar para la Paz es educar para la desobediencia. Es mi lema. Me encantan los errores. Soy maestra de inglés porque suspendí el inglés durante los 5 años que duró mi Formación Profesional. No soportaba a mi profesora y decidí pasar de sus clases. En el 78, cuando acabe el resto de las asignaturas de FP, Aux. Adm, me fui de Au Pair a Inglaterra y toda mi vida cambió. Creo que el mundo cambiará si aprendemos y animamos a que las cosas no tienen por qué seguir siendo como siempre han sido. Podemos y debemos cambiar el rumbo de las cosas. Y diga lo que diga la gramática yo trabajo con chicos y chicas. Mi hija de 7 años entiende el concepto y cuando no la nombran pregunta si ella también. Decir que esto es una “tontería” me descalifica y no favorece la comunicación.
La desobediencia crítica es también un valor universal, no lo olvides.
El proyecto educativo de Madrid, gobernada por la derecha desde hace ya demasiado tiempo, me deprime. Pero como dice @ueainohaeus en su página http://www.ainhoaezeiza.net “… estoy acostumbrada a jugar con las cartas que me van tocando… ” y estoy determinada a disfrutar con el juego. Reivindico el derecho de chicos y chicas a una educación digna sin importar el nivel cultural o económico de sus padres y madres. La derecha no comparte este principio y para mi es religiosamente sagrado.
Pues eso, la capacidad de desobedecer a diestra y siniestra nos mantedrá vivas (a las personas) y libres para elegir. Las personas que nos sentimos libres somos más felices que las que viven obedeciendo.
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