¿Deberíamos temer el nuevo ciclo de erupciones solares en el que ha entrado la Tierra?

Hace menos de un año, la NASA anunció que el Sol había iniciado un nuevo ciclo de actividad. Durante once años, se tratará de grandes erupciones solares. Sin embargo, estos podrían socavar nuestro mundo tecnológico, porque su escala aún es bastante difícil de imaginar.

Un nuevo ciclo de actividad solar

Los medios de comunicación suelen hablar sobre el calentamiento global y diversos desastres naturales o tecnológicos. Sin embargo, se avecina otra amenaza, y esta rara vez aparece en los titulares: las erupciones solares. En septiembre de 2020, la Agencia Espacial de los Estados Unidos (NASA) afirmó que el Sol había comenzado su ciclo de actividad número 25, sinónimo de once años de grandes erupciones. Según los investigadores, la actividad del Sol está aumentando gradualmente y probablemente alcanzará su punto máximo a mediados del año 2025.

Las tormentas magnéticas son un fenómeno relacionado con variaciones en la actividad solar, y por lo tanto erupciones solares. Sin embargo, estas variaciones generan fluctuaciones repentinas e intensas en el magnetismo terrestre. Como se explica Bloomberg en un artículo del 22 de mayo de 2021, las tormentas magnéticas ya han ocurrido en el pasado cercano.

La más poderosa de las tormentas magnéticas no es otra que el Evento Carrington que habría destruido en 1859 un gran cantidad de ozono estratosférico. Este evento también había provocado una sobrecarga eléctrica a nivel de las redes telegráficas de Norteamérica. Algunos operadores habían observado incendios en las estaciones y electrocuciones. En marzo de 1989, otra erupción solar había propulsado un chorro de materia tan imponente como 36 veces el tamaño de la Tierra, y esto a una velocidad de 1,6 millones de km / h. En Quebec, no menos de 6 millones de personas se quedaron sin electricidad durante nueve horas.

Erupción solar
Crédito: Centro de vuelo espacial Goddard de la NASA

¿Un caos global que se avecina?

Hoy en día, el mundo depende completamente de diversas tecnologías y otros satélites cuya misión es regular todos los aspectos del vida diaria de los humanos. En lo que respecta a la energía, el caos en el que se sumió Texas el invierno pasado es fuente de interrogantes. Los satélites que orbitan la Tierra, incluidos los que pertenecen al Sistema de Posicionamiento Global (GPS), son vulnerable a las erupciones solares. Este es también el caso de dispositivos eléctricos de todo tipo, ondas de radio y tripulaciones de aviones. De hecho, los pilotos están expuestos a cataratas, es decir, a la opacificación parcial (o total) del cristalino del ojo.

Aproximadamente cada siglo y medio, la Tierra experimenta una llamarada solar muy grande. Sin embargo, el mundo podría experimentar un caos real durante este próximo episodio. En 2017, un estudio de la American Geophysical Union (AGU) estimado en 66% la proporción de la población estadounidense que podría sufrir las consecuencias de tal evento. Además, el costo económico podría superar los $ 40 mil millones por día.

Cabe destacar que los especialistas en la materia siguen las erupciones solares en tiempo real. Sin embargo, su peligrosidad y su naturaleza solo pueden conocerse si llegan a satélites especializados, estando estos ubicados aproximadamente a un millón de kilómetros de la Tierra. Sin embargo, cuando las tormentas eléctricas llegan a estos satélites, queda entre una hora y una hora y media antes de que lleguen a nuestro planeta. En otras palabras, es casi imposible prepararse para ello.